07/16/02, 15:11 (Hora de México DF) Cien años de aire acondicionado
Corpus Christi, Texas, EU, 16 de julio. La costumbre es de ir del automóvil al centro comercial, a la oficina y a la residencia, todos con una temperatura ideal. Las noches de verano, se cubre uno con frazadas y en los estadios cubiertos nadie suda, ni los atletas ni los aficionados. Gracias a Willis Haviland Carrier. El miércoles se cumplen 100 años en que este joven individuo -un año después de salir graduado de la Universidad de Cornell y ganando salario semanal de 10 dólares con la empresa Buffalo Forge Company- inventó el acondicionador de aire. Lo de enfriar el aire no era nada nuevo. Los emperadores romanos hacían traer nieve de las montañas para refrescar sus jardines. En el siglo XIX, el doctor John Gorrie inventó un método mediante el cual los enfermos de malaria eran refrescados con un sistema que soplaba aire sobre tinas de hielo suspendidas del plafón. Sin embargo, ninguno de esos sistemas enfriaba, limpiaba y secaba el aire. Uno de los clientes de la empresa Buffalo Forge, la firma Sackett-Wilhelms Lithographic and Publishing Co. de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York, les pidió solución a un grave problema: el papel que usaba para los trabajos de impresión se esponjaba debido al calor y la humedad. A los impresores se les hacía imposible alinear la tinta. Carrier resolvió rápidamente el problema. Si era posible que la planta fuera calentada en invierno soplando aire por los espirales de vapor, por qué no se podía enfriar impulsando aire por espirales llenos de agua fría. La humedad del aire se condensaría en los espirales, como sucede en los vasos fríos en una tarde caliente. Como resultado de su idea, la planta estaría más fresca y seca. El 17 de julio de 1902, se puso en marcha el nuevo sistema de refrigeración de la planta, dando paso al llamado aire acondicionado, que no sería conocido como tal sino hasta cuatro años más tarde. Durante décadas, solo algunas plantas podían darse el lujo; muy pocas casas tenían acondicionadores. Sin embargo, los cines fueron entre los primeros en aprovecharse del sistema. En un principio, los conductos de ventilación estaban en el piso y la brisa no era nada agradable. Carrier instaló un nuevo sistema con conductos en el plafón del teatro Rívoli de Nueva York en 1925. La marquesina leía: "El Rívoli, enfriado por refrigeración, siempre en 20 grados (69 fahrenheit)". Los próximos fueron instalados en tiendas por departamentos. Luego los siguieron los aviones (United Airlines en 1936) y los automóviles (Packard de 1939), aun cuando no fue tan exitoso para la industria automotriz, que para el 1953 solo había vendido 10 500 autos con acondicionadores. El Congreso federal instaló su sistema en 1928 y la Casa Blanca en 1929, aun cuando el presidente Franklin D. Roosevelt odiaba ese tipo de refrigeración y nunca lo encendió. No fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial que se propagó la maquinaria. En 1955, el constructor William Levitt incluyó como electrodoméstico normal el acondicionador de aire en las residencias que construyó al norte de Filadelfia. En 1960, 12 por ciento de las residencias de Estados Unidos tenían aire acondicionado; hoy es de 80 por ciento y en el sur de 96 por ciento. El acondicionador de aire ha fomentado el crecimiento de la zona sur y en ciudades como Phoenix y Houston, la construcción de inmensos rascacielos. También permitió que los astronautas pudieran explorar la Luna, aunque igualmente tiene un lado negativo: los contaminantes. Los clorofuorcarburos que hace tantos años reemplazó el agua como refrigerante, han sido señalados como dañinos a la capa de ozono de la Tierra. En la década pasada, la industria de refrigerantes los eliminó como refrigerantes. Con fotografía de AP Regresar |